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El propósito de Ser Madre

Nunca me imaginé que prepararme para ser madre me llevaría a enfrentarme con mis sombras más oscuras. 

En el año 2015 sentí el llamado de ser madre. Ilusionada junto a mi esposo, empezamos a dejar los métodos de anticoncepción a fin de embarazarnos. Corrían los días, pero seguíamos siendo solo él y yo. No estaba enferma físicamente. Me hice pruebas de fertilidad y todo salía normal. Entonces empecé a buscar otras posibilidades. 

Encontré que, emocionalmente, estaba herida. Es decir, que había un bagaje emocional, una mochila llena y pesada que no me permitía ser mamá.  

Entonces, sin querer, comencé a sanar historias familiares del pasado, patrones de comportamiento adquiridos de generación en generación. En ese camino, el peso de la mochila se fue aligerando y conseguí paz.

Con mucha gratitud honré el destino de mis ancestros y me liberé de esos grillos. También acepté en mi corazón a mi padre y a mi madre, con sus luces y sombras. Y con ello conseguí tomar la fuerza de vida, la seguridad y el amor incondicional para avanzar hacia mi propio destino. 

A pesar de tener las riendas de mi vida y de sentirme segura de ello, no entendía cómo seguía sin embarazarme. Cuando creía que estaba lista, apareció el miedo. Miedo hondo y paralizante a la maternidad, al cual despedí de mi vida en medio de un río de lágrimas. Y así empezó otro capítulo: quedé embarazada. 

Dicen que cada embarazo es diferente, que trae un aprendizaje nuevo. Yo también lo siento así. 

He tenido dos embarazos. El primero duró muy pocas semanas. Esta experiencia hizo que nos replanteáramos, mi esposo y yo, si seguiríamos intentando y si lo haríamos juntos. Sabíamos que todas las experiencias llegan para hacernos más fuertes y para prepararnos para algo mucho más grande. Así lo sentimos y decidimos seguir juntos, no sin antes honrar a ese pequeño ángel. Siempre será el primero y lo llevaremos con mucho amor en nuestro corazón. 

En julio de 2017, al cumplirse un mes del legrado, mi esposo y yo armamos maletas y partimos a diferentes destinos durante unas semanas. Un día, mientras danzaba y cantaba a la luna llena, alcé la vista y percibí que

Elián, nuestra nueva y hermosa aventura, en silencio, se anunciaba. Y lo hizo en una nube, una nube con silueta de bebé  cuya luna lo iluminaba. Nueve meses después, el 25 de marzo de 2018, finalmente acuné en mis brazos mi sueño convertido en realidad. 


El propósito de ser madre fue un viaje interior, y aunque hacerme cargo de mi historia personal no fue fácil, debo decirles que ese viaje valió totalmente el esfuerzo. Ahora mis días despiertan con una tierna mirada y una sonrisa de mi bebé.


Escrito por: Erika Reyes, Terapeuta de Empoderamiento Femenino

ErikareyesTorres.com

0998597201

Quito, Ecuador

#mamá #vida #sombra

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